Marce's profile"Camino de voluntad, pos...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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21 September Aquella noche, aquella madrugada, aquella mañana...Y entonces decidió que sus marcas, que eran besos dejados por el sol, eran las que le daban las fuerzas necesarias para levantarse aquella mañana de desahogo donde ya no había cabida para el desasosiego de tan triste, doloroso pero a la vez tan amado mes. Ah!!!, aquella mañana en donde vivió, sintió, y sintió sus lágrimas como esas gotas de miel, dulces y en almíbar, que le adornaban sus cara ante el hombre que le brindó su mano, le arrancó el dolor y le tocó su alma; dejó atrás su “…soñar sin que los sueños te dominen, pensar sin ser más que eso, un pensador…”. Más allá escuchó hablar las manos que construyeron anhelos y trozos de ilusiones de almitas sin nada, para ellos un mundo, de complicaciones, y fue esa parte de la vida de aquella transeúnte y sin embargo una mujer pura, perteneciente a la selva, al desierto, a su tierra, a las montañas, al polo, al frío, a los micos, al calor, a un todo, al mundo. Y precisamente, ella, no hubiese llorado por más de un año si aquella noche no hubiera llegado, pero es ese sentimiento epifánico, que ni si quiera se puede describir, que ni siquiera se puede dibujar, lo que hace que todo valga la pena, que el espíritu, el pensamiento, la mente, la conciencia se autosatisfagan y se logre un perfecto equilibrio en aquella red, que de seguro durará por siempre…desde aquella madrugada así fue. Sentir aquel frío que congela las venas y que a la vez es adornado por las estrellas, o sentir, simplemente, aquel calor que genera electricidad entre ambas manos; de ambas maneras se siente la vida, se siente que se está vivo, se siente la alegría dentro de las lágrimas que resbalan. Todo comenzó aquella noche en la que todos esos personajes que se terminaban convirtiendo en uno solo acudían a la cita de los viernes, a la cita de sus almas; ya se encontraban las cinco: dos madres y tres hijas, listas para subir al carro que iría allá, a donde nace el sol; tras unas dos horas llegaron al lugar donde la bienvenida la brinda una guacamaya. Bajaron por aquella senda llena de vida, llena de remidios, de colores, descendieron por éste camino, allá, hasta llegar donde se empieza a observar los primeros brillos de luz, las primeras oleadas de humo, las primeras notas musicales de la cordillera Andina, las primeras risas... Era en realidad tan poco el costo para tremendísimo encuentro, para dejar de lado la dualidad que aflije al hombre, la misma dualidad de Jekill y Mr. Hyde, esa dualidad del hombre que lo maneja a su antojo ¿es acaso una faceta más mostrada como mala?. No. Al contrario de Stevenson, el hombre no sería realmente dos, sino uno. Fue entonces cuando la 'Japonesa' escuchó su nombre, la llamaban para una transición especial que tenía preparado el jaguar de la selva para ella; primero el maravilloso viento de la waira seguido por el soplo divino, luego un regaño de la planta de espinas que se introduce en el alma, recorre el cuerpo y sana con su maravilloso espíritu. Tiempo después, que en realidad fueron horas de reflexión y consciencia, agradecimiento y felicidad, podía sentir en cada parte de su ser el rugir de la selva, las gotas del rocío de la caña...junto a la sonrisa de aquel hombre que tiene el espíritu "pirú" recibió el remedio del árbol amazónico y ya con los primeros rayos del sol, amanecían también sonrisas y lágrimas de agradecimiento, de esa muerte que se había dejado la noche anterior para aquel renacer de la madrugada que se estaba viviendo. Con todo esto la 'Japonesa' recuerda lo que es vivir, empieza esa senda del amor en cada cosa que realiza, ama, vive, corre, siente, canta y baila inspirada por las quenas que rompen con el viento y se acoplan a las guacamayas, isnpirada por los ojos del cielo que la acompañan y la abrazan, inspirada por la vida...inspirada por la quilla.
Marcela Castro/Después de aquella noche, aquella madrugada, aquella mañana...
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