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    13 June

    Reflejo

              No fue aquella la primera vez que se sentía decepcionada, decepcionada de entregar todo de sí, pero sí fue la primera vez en donde sentía dolor mezclado con la felicidad del amor y la dicha del anhelo, pues entregó sus sueños, sus dichas, sus palabras, sus ilusiones, entregó su esfuerzo, su paciencia, sus horas, que se le asemejaban a siglos enteros de constancia, entregó mucho, mucho más de lo que se podía, para recibir a cambio tan sólo una sonrisa, sólo pedía esto a cambio, un momento de felicidad, y sí, los recibió, los recibió tan sólo durante unos minutos, unas horas. Ella añoraba que fuesen para siempre. Nadie le dio razón, nadie le explico lo que sucedía, y nunca entendió la culpa ajena, nunca entendió porque ella tuvo que pagar por los errores ajenos del pasado. Sintió rabia, la rabia que se siente cuando han desilusionado a un corazón, aquella rabia que deja de ser rabia porque detrás de ella hay amor, y enseguida tenía el único apoyo que ella percibía durante años, recibió un gran abrazo de la inocencia.

      Fue así como aquella niña de la sonrisa fingida fue siendo lo que nunca deseó, sintiendo lo que nunca pretendió y reflejándose como nunca se evocó,  encaminándose hacia un nuevo sentimiento, hacia una nueva esperanza que le surgía sin razón, sin un por qué; una nueva esperanza en donde la ilusión se desvanecía y el corazón quedó a un lado sin la razón, en donde el todo y la nada se juntasen, en donde no valiese nada lo que llegó a sentir, a ser o a pensar, en donde el “humano, demasiado humano” quedó de lado y entonces el reloj del tiempo convirtió su frágil corazón de rosa en una dura coraza de amatista, pues ¿que más se puede pedir cuando han derrumbado los sueños e ideales construidos durante toda la vida como un castillo de naipes? Nada, o pero que nada. Tras largas cantidades de esfuerzo que pretendía realizar y a pesar de los banales engaños hacia ella misma no logró nunca convencerse de que podría llegar a ser tan sólo piedra, y por eso cansada de tanto pretender ser lo que nunca ambicionó, tras un largo tiempo de dureza y de tapujos en sus tristezas con circunstancias cotidianas abrió paso a lo que fue, y así aquella niña de la sonrisa fingida y la mirada escondida amó, fue feliz, buscó, encontró, deseó, creó, vivió y murió… murió con una sonrisa en la cara.

     

    Entonces fue de esta manera como aquel lluvioso 12 de junio escribí con la más profunda tristeza y melancolía que pueda sentir parte de mi historia, parte de mi reflejo.

     

                                                               Marcela Castro Vivanco/06