Descubrió que todo lo que había aprendido a inicios del año, lo estaba aplicando a su vida, se sintió de nuevo persona, sintió que pudo vivir, a pesar de lo que tuvo que escuchar de lo que tuvo que calmar; ahí estaba Dios, tomándole su mano para guiarla, tapándole su boca para no herir y a través de los ojos de un inmenso hombre, su instrumento, estaba curando las heridas de un corazón y de un alma que extrañaba a su padre.